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Educar las Emociones. Parte IV

Afilando la Herramienta: Las Tres Etapas

Ahora que he presentado la base y su origen, es el momento de mostrar el esquema completo. El aprendizaje de Educación Emocional consta de una serie de transacciones, separadas en tres fases bien diferenciadas. Vamos a repasar todo el sistema.

Steiner llama “Abrir el Corazón” a la primera fase. Lo primero es acordar y aclarar la base de la Cooperación: contrato o acuerdo de no usar juegos de poder y no obligar a nadie a hacer lo que no quiera. Especialmente acordamos rechazar la mentira. También hacemos un segundo contrato de Seguridad, por el que todos los participantes nos comprometemos a preservar la confidencialidad de cuanto ocurra en el taller.

Sobre esta base de Seguridad y Cooperación, ya empieza a ser posible eliminar el férreo control del Padre Crítico. Procedemos a conocer sus mensajes, las mil y una formas que tiene de operar sobre nosotros y en nuestras relaciones (transacciones) con los demás. Conocemos sus leyes y con el apoyo mutuo del grupo, procedemos a desafiarlas e incumplirlas. El resultado de esta primera fase es un ascenso sobre la Escala de Consciencia Emocional. Pasamos de niveles caóticos y muy bajos de consciencia, a otros niveles en los que después de traspasar la barrera verbal, como mínimo empezamos a ser capaces de poner nombre a lo que sentimos. Probablemente, comencemos además a identificar sus causas y apreciar sus intensidades.

La segunda etapa es “Inspeccionar el Paisaje Emocional”. Si en la fase anterior el foco está puesto en el individuo, desde el suelo firme del conocimiento de las emociones propias ya estamos en disposición de empezar a otear las emociones en los demás. Ejercitar la intuición sobre qué sienten los demás, aprender a expresar de forma emocionalmente educada esas intuiciones, y su validación si son acertadas o no por parte de esas otras personas es el aspecto clave. De esta forma todo el grupo aprende, se beneficia y practica el identificar las emociones en los demás.

Una de las formas para hacerlo es mediante la transacción de Acción/Sentimiento en la que comunicamos objetivamente lo que hemos sentido a raíz de una acción de otra persona. El resultado de esta segunda etapa es que seguimos ascendiendo en la Escala de Consciencia Emocional. Empezamos a alcanzar la empatía, con la cual podemos intuir qué emociones, con cuánta intensidad y por qué causa otros sienten lo que sienten. Esta capacidad de intuir correctamente lo que otros sienten es otra herramienta que se afila a base de compartir nuestras intuiciones emocionales, y pidiendo la validación o el rechazo de su objetividad. Tenemos en cuenta que la mayoría de las intuiciones siempre poseen parte de verdad, e intentamos encontrarlo.

En el devenir diario, parece casi imposible no causar daños emocionales a los demás. Si queremos ser emocionalmente educados, es hora de “Asumir la Responsabilidad”, la tercera fase. Sin duda es la parte más difícil de todo el sistema. Reconocer el error propio es algo que está realmente “castigado” en nuestra sociedad. Nuestro Padre Crítico nos puede decir en estas situaciones desde cosas suaves y sutiles como “Da igual, disimula, nadie se dio cuenta” a otros mensajes más fuertes como “Eres tonto y sin remedio. Ya metiste la pata otra vez. No tienes arreglo”. Esta tercera fase trata de las Disculpas y la Reparación del Daño Emocional. El causado y el recibido. Ofrecer o pedir disculpas, solicitar el perdón, aclarar y especificar, ofrecer compensaciones, e incluso negar una disculpa que nos parece insincera y forzada es el área de esta tercera fase. Sí, realmente difícil hacerlo de una forma emocionalmente educada. Pero dado que podemos causar daño, y por lo tanto somos responsables de esas heridas emocionales a otros, es indispensable tener la habilidad de reparar dichos daños. Así terminan las tres fases de la Educación Emocional.

El Poder del Corazón

Hemos visto que hay diferencias notables con lo que se conoce como Inteligencia Emocional. No hablo ya de las elaboraciones o preceptos teóricos, ni siquiera de la antigüedad y origen de los distintos enfoques. Puedes ser muy inteligente manejando las emociones de los demás, como de hecho sucede habitualmente, por ejemplo con la publicidad empresarial o la propaganda política. Desde ese enfoque, se puede ser muy inteligente para causar determinadas emociones en beneficio propio. Causar una emoción determinada que provoca una acción previsible es el inicio habitual y el más efectivo para lograr que alguien haga algo que no tenía pensado hacer, o que ni siquiera quería hacer.

Como declara Steiner, “La educación emocional es inteligencia emocional centrada en el corazón”. Y esto es así porque sus tres pilares se asientan sobre el amor. Estos pilares son (Steiner, 2011):

  • Amor a los demás.
  • Amor a uno mismo.
  • Amor a la verdad.

Si a la mesa le falta una pata, se cae; si no están igualadas, quedará coja.

Cuando no amas a quienes te rodean y sólo los consideras instrumentos para tus fines, no te extrañe que te consideren de igual manera. Cuando no te quieras a ti mismo, estarás en manos de los demás. Eso que crees tu amor hacia ellos será simple sometimiento. Cuando no amas la verdad lo suficiente como para buscarla y reconocerla cuando la encuentres, vivirás en una fantasía. Puede ser un sueño precioso o una pesadilla agobiante. En ambos casos, ten claro que no vivirás en la realidad.

Todos ellos, bien nivelados, potenciados y entrelazados, son una base fuerte y sólida para la vida. Tu vida, sus vidas, la Vida.

Seguir leyendo: Parte V. Fin del artículo

 

Este artículo se publicó el jueves 09 de marzo del 2017.
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