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Educar las Emociones. Parte III

El Problema

Parece que lo que sucedía era que los participantes tenían en sus mentes normas no escritas, pero grabadas a fuego, y que dificultaban ese libre flujo de caricias. Analizaron las transacciones, que después de todo es lo que se espera que haga un analista transaccional, y Claude Steiner las simplificó y enunció en lo que llamó las Leyes de Economía de Caricias. Dicen así (Steiner, 2011):

  • No des las caricias que quieras dar.
  • No pidas las caricias que quieres.
  • No aceptes las caricias que quieres recibir.
  • No rechaces las caricias que no quieres.
  • No te des caricias a ti mismo.

Vista las leyes, quedaba averiguar quién las dictaba, quién vigilaba su cumplimiento y sancionaba cualquier desviación de la norma. Algunos párrafos antes he escrito del estado del yo Padre y de las distinciones que hizo Eric Berne. Resultaban algo confusas, y por tanto poco prácticas y propensas al error y a la interpretación. ¿Qué hicieron en el Centro RAP? Agruparon todas las características positivas a un lado, que llamaron Padre Nutricio o Protector, y todas las negativas al otro, al que en un primer momento llamaron Padre Cerdo, y posteriormente denominaron Padre Crítico.

—Si resulta que lo complicado era distinguir entre funcionalidades positivas y negativas, ya me dirás cómo has hecho ese trasvase…
—Es verdad, y aquí viene la genialidad.

Teniendo claro que el estado del yo Padre siempre es normativo y prejuicioso, que dicta y quiere imponer sus leyes y normas aprendidas desde quién sabe cuántas generaciones atrás, la piedra de toque, la distinción que todo lo aclara es la siguiente: Si el prejuicio es a favor (tuyo / de los demás), hablamos del Padre Nutricio; si el prejuicio es en contra (tuyo / de los demás) estamos ante el Padre Crítico. Si aunque incluso erróneamente el Padre actúa de una forma determinada porque quiere lo mejor para ti o los demás, es el Padre Nutricio; si aun presentándose camuflado como algo lógico lo que pretende es controlar y limitar a los demás o a ti, nos hallamos ante el Padre Crítico.

Ya que hablamos de lo cultural, del Padre, encontramos el sentido del refranero, esas frases hechas, aceptadas y heredadas. Y hablando de dichos, "Muerto el perro, se acabó la rabia". Y eso hicieron; fueron a por el perro.

El Resultado

Lo que había comenzado como algo intuitivo, ahora había llegado a la consciencia haciéndose evidente y claro. Se trataba de sacarlo de escena, de quitar el poder del control al Padre Crítico que limitaba nuestras emociones naturales. En definitiva, de eliminar lo que sobra:

El paciente tiene un impulso innato a la salud, tanto mental como física. Su desarrollo mental y emocional se ha visto obstaculizado, y el terapeuta no tiene más que quitar los obstáculos para que el paciente crezca con naturalidad en su propia dirección.

Eric Berne, Principles of Group Treatment (1966), pág. 63 (original)
y 83 (traducción); Más alla de juegos y guiones (2014), pág. 415.

Tras el fallecimiento de Berne, el Dr. Steiner escribía (1971):

Los buenos terapeutas no son magos, sólo saben qué hacer y cuándo hacerlo. Pero la capacidad de estar bien aguarda a toda persona preparada para liberarse de los mandatos del Padre Cerdo. Liberar la naturaleza feliz, cariñosa y productiva parece en ocasiones una tarea imposible. Los terapeutas de AT saben que es posible para todo el mundo, sin importar lo impotentes, tristes o sin amor que estén.

Es frecuente encontrar que el ejercicio de la Ciudad de las Caricias se realiza por doquier. Lo realmente difícil de encontrar es dónde lo realizan correctamente. Parece algo sencillo. Sólo se trata de dar y recibir caricias. Y ése es quizá el principal error que me he encontrado.

Que fluyan las caricias positivas es uno de sus resultados, y muy valioso. Pero eso no nos puede despistar del objetivo real del ejercicio: eliminar al Padre Crítico. Esta distinción resulta fundamental. Sin tener este aspecto bien claro, es bastante probable que suceda lo que he señalado antes. Funcionará para unos, pero un porcentaje de los asistentes se sentirá mal o posiblemente se sentirá bien por un breve tiempo, pero volviendo finalmente a obedecer las leyes de la economía de caricias del Padre Crítico.

Desactivar al Padre Crítico es el objetivo; desafiar y romper sus leyes en un entorno seguro y cooperativo, el método empleado; el libre flujo de caricias auténticas, el resultado. Y liberar toda esa energía para que la gente la tenga a su disposición es un cambio tremendo. Eso que se libera, es Poder. Poder Personal. Para muchos, una auténtica novedad y toda una sorpresa.

Tener claro lo anterior es importantísimo. Normalmente, y lo he visto muchas veces, esto no se entiende, se desconoce o incluso se desprecia. Recuerdo un caso personal hace varios años, en un taller que daba en solitario durante un congreso de AT. Entre los asistentes, muchos transaccionalistas reconocidos y experimentados. Casi no había dado tiempo a empezar el ejercicio cuando una persona se dirige directamente a otra y le dice “Te voy a dar una caricia, y es que…”. Lo corté de inmediato. Le recordé el protocolo, el objetivo y, sobre todo, que lo primero era pedir permiso a la otra persona antes de darle la caricia. Esa persona, visiblemente trastocada y confusa, respondió:

—Pero, ¿y por qué tanta formalidad? Yo sólo quiero darle una caricia. ¿Quién no va a quererla? Además, ¿no estamos aquí para eso?

No, en principio no estábamos allí para eso. Para empezar, y como había explicado antes de comenzar junto a los contratos, el paso previo e imprescindible a ofrecer o pedir una caricia es la transacción del permiso, solicitarlo a la otra persona. Allí estábamos para desactivar al Padre Crítico, y estábamos para tratarnos de forma educada. Al pedir permiso siempre antes de proceder al intercambio de caricias, damos la oportunidad a la otra persona de prepararse para un intercambio emocional de amor al que quizá no esté acostumbrada. Tiene así un tiempo vital para detectar a su Padre Crítico, tomar el poder suficiente para que su Padre Nutricio desafíe sus leyes, y otorgue permiso para que su Niño actúe de forma natural según sus deseos.

Tardé un poco en que se diera cuenta, y hubo que dar otra vez varias explicaciones sobre todo lo tratado: contratos, seguridad, permisos, el objetivo del ejercicio, etc. Sin embargo, fue una vivencia muy importante porque eso le dio al grupo una sensación de gran seguridad por no tener que someterse a caricias no bienvenidas. A partir de ahí fluyeron caricias como de un manantial. Esta persona y el resto de asistentes se pudieron dar y recibir cuantas quisieron sin obligación de dar o recibir las que no les apetecieran, y aprendieron el propósito real del ejercicio. El caso opuesto, la participación “obligatoria” por la presión de la masa o del facilitador, aunque no es nada raro en todo tipo de talleres, no lo considero beneficioso a medio plazo. A veces es muy evidente incluso en el corto plazo, simplemente viendo las caras de algunos cuando en un taller les dan órdenes como “Ahora todos nos levantamos y abrazamos a quien tengamos a nuestra derecha…”. Te invita a que la próxima vez que te encuentres en una situación similar observes los gestos de la gente a tu alrededor.

—Agustín, ¿qué hay de malo en dar abrazos?

Hay varios aspectos en los que por cuestión de espacio no puedo abundar mucho más. Steiner suele decir que “La caricia no deseada vale menos que un tostón” (moneda mexicana de medio peso). Lo más importante es que recuerdes que queremos desactivar al Padre Crítico. Es el tapón a la consciencia de las emociones naturales propias y ajenas. Además, el Padre Crítico será quien limite la expresión educada y considerada hacia lo demás. En vez de basarse en el amor, el respeto y aprecio a terceros, lo hará sobre sus propios prejuicios, que serán en contra tuya, de los demás, o muy probablemente en contra de ambas partes.

Seguir leyendo: Parte IV del artículo

Este artículo se publicó el jueves 09 de marzo del 2017.
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