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Educar las Emociones. Parte V

Dos Muestras

—Bueno, en la teoría todo tiene sentido, y seguramente me sea útil en algunas de mis relaciones…

—¿En algunas? ¿Sólo?  ¿Y por qué no va a ser útil en todas? Yo uso estos principios en todas mis relaciones, y no sabes cuánto ha cambiado mi vida. Me suena raro, como si me dijeras "este gel de baño sólo lo puedo usar en la ducha de casa, pero no me sirve si me voy a dar un baño en la habitación de un hotel". No tiene mucho sentido, ¿no te parece? De igual forma que el jabón te limpiará sin importar dónde lo uses, la educación emocional se puede aplicar en cualquier situación en la que te encuentres con alguien, e incluso te va a servir para tu diálogo interior cuando estés a solas con tus pensamientos.

—Mira, Agustín, acepto que puede funcionar en algunos ámbitos. Seguro que me puede ayudar con mi pareja, con mis hijos, e incluso puede que con mis amistades más cercanas. Pero, por ejemplo, no me veo pidiéndole caricias a mi jefe…

—Mmmm… ¡Me encanta tu ejemplo! ¿Sabes? El caso personal más extremo que tuve fue con la policía. No tengo inconveniente en contártelo, aunque es un caso algo manipulativo por mi parte y que no me enorgullece. En mi descargo, alegaré que apenas estaba comenzando mi formación con Steiner. Sólo te diré que lo que empezó como una multa de tráfico, terminó con un coche patrulla escoltándome hasta mi casa. Y por supuesto, nunca llegó la multa. Pero te decía que me gusta mucho tu ejemplo, porque probablemente en el entorno laboral y de organizaciones es donde más he puesto en práctica estas ideas. Y donde los resultados han sido más inmediatos.

—¡No me lo creo! ¿En serio?  Ya, me vas a decir que hablas y comentas estas cuestiones con tus jefes, clientes, proveedores, compañeros de trabajo…

 —¡Pues claro! Tu jefe, además de serlo, es padre. Laura, mi mejor cliente, resulta que tiene pareja (lo cual es una lástima, pero esa es otra historia), Fernando, además de mi hermano y socio, resulta que tiene un hijo y algunos buenos amigos. Es decir, todos ellos tienen una característica común: son personas que se relacionan con otras personas. Justo la materia con la que trabaja la Educación Emocional y el AT.

—Pues serán personas, pero no me veo pidiéndole una "caricia" a Luis, el de contabilidad, y mucho menos ofreciéndosela a Lola, la gerente. Con mi conocido y amplio interés en la mejora personal, junto a mi igualmente conocida aversión por el fútbol, ya tengo suficiente fama de "persona rarita" en la oficina…

—¡Jaja! Oye, pues igual te pierdes un fin de semana romántico. Bueno, bromas aparte, también te he dicho que aunque lo parezca y mucha gente así lo crea, desde luego esto no es nada fácil. Es un proceso de aprendizaje que has de realizar con gente dispuesta, en un entorno cooperativo y con un facilitador bien formado. Desde luego, si acudes a una formación exprés en unas pocas horas con alguien que habla de oídas, igual sí. Se lanzan a ir pidiendo y ofreciendo caricias sin ton ni son. Es como si le doy las llaves del automóvil a mi hijo, y a sus doce años le digo "Toma, ya puedes ir solo al colegio". Estoy completamente seguro de que ni siquiera saldrá del garaje sin estrellarlo contra la pared. Pero si te apetece podemos comentar muy brevemente algo sobre la aplicación de la educación emocional en el trabajo y los negocios.

—Tengo curiosidad por escucharte. Y ya que hablamos de sinceridad y de evitar las mentiras, además tengo muchas dudas de que sea tan efectivo como dices. Es más, lo veo contraproducente.

—Vamos a ello. Algunos casos reales y personales, y cambio nombres por preservar la confidencialidad: Tras varias conversaciones y presupuestos, Juan me envía un email diciendo que no van a adquirir el equipamiento ofertado. Escucho claramente a mi Padre Crítico diciéndome "Eres un pésimo comercial, el producto que llevas es malísimo y caro, etc.". Mi Niño está bien protegido por mi Padre Protector que lo calma y le dice que vamos a arreglar eso. Decido usar el Adulto y comprobar la realidad. Escribo y agradezco a Juan su atención, le digo (y es cierto) que ha sido un placer tratar con él, que por favor no deje de considerarnos para futuras adquisiciones, y le pido si puede informarme sobre cuál ha sido el problema. Al poco me escribe un nuevo email. Me dice que el problema es por cuestiones financieras, que siendo formalmente todas las ofertas similares, entre varias alabanzas sobre la información ofrecida (toda, sin esconder nada) sin duda se hubieran decantado por la nuestra por el trato personal y la confianza transmitida y percibida. Y que por supuesto, cuentan con nuestra empresa para el futuro como proveedor prioritario. Cuando el importador me pregunta por esa gestión, le remito la carta del cliente. Antes de media hora me llama el gerente para felicitarme. Como es un gremio en el que todos nos conocemos, parece que ese email circuló. Llega incluso a oídos de la competencia. Me llama el gerente de la otra multinacional en el mercado, de mi competencia. Me pregunta qué tiene que hacer para que trabajemos juntos y llevemos su marca. Que ha revisado sus informes y observa que en mi zona no tienen clientes. Quiere en su organización gente que reciba emails como el que yo recibí. En cambio, dice, suele recibir quejas y protestas por el trato. Le agradezco el "cumplido" y le digo que me siento halagado y agradecido por su gesto. Este hombre no sabía lo que era una caricia, ni probablemente fuera el momento de explicárselo.

Pepe era un cliente desde hacía muchos años. Siempre fue igual. Tremendamente exigente, mucho más de lo que estaba pagando, no apreciaba esfuerzos añadidos ni horas extra. Alguna vez le pillamos con mentiras que usaba para forzarnos a hacer cosas que igual hubiéramos hecho sencillamente si no los pide. Por su parte, siempre se retrasaba en sus pagos, y para él su céntimo era sagrado, pero nuestros miles de euros tenían escasa importancia. Llegó el momento de renovar sus equipos y le envié una oferta sin absolutamente ningún descuento, y creo recordar que con algún recargo. No tardó en llamarme, entre enfurecido y burlón. Que si era una broma, que tenía mejor oferta de la competencia…  "Pepe, ésta es nuestra oferta; ésta refleja lo que pides, lo que exiges y la que corresponde a lo que a menudo incumples".  Su respuesta ya la imaginas. Ya me estoy extendiendo demasiado. El resumen es que a los meses me llamó para que le ayudara con el equipo nuevo que no nos había comprado. Le pasé presupuesto de nuestra intervención, indicando nuestra cuenta corriente para que hiciera el ingreso previo. Así hemos estado algunos años, con llamadas ocasionales, facturadas y cobradas de antemano. Mientras, yo he podido dedicar mi esfuerzo y conocimientos a clientes que lo aprecian, lo valoran y lo pagan. Recientemente, tocó renovar nuevamente, y no me dijo nada sobre el presupuesto que le preparé. Se limitó a enviarme el pedido aceptando la oferta. Nuestra relación ahora es mucho más agradable, amistosa y cooperativa por ambas partes. Podría haber seguido por años metido en "juegos" de Deudor con él, y sufriendo los ataques de mi propio Padre Crítico.
Te repito que son casos reales y personales. Además de con clientes, creo que el caso que puede parecer más difícil, podría seguir con infinitos ejemplos relativos a proveedores, financieras, compañeros, e incluso con funcionarios de la administración. En vez de eso, te invito a que leas más sobre estas materias. Para empezar, te sugiero Educación emocional y El corazón del asunto, ambos de Claude Steiner.  Luego, poco a poco, puedes ir poniéndolas en práctica o acudir a talleres de formación con facilitadores preparados. Quién sabe, igual puedes formar tú mismo un grupo inicial de gente interesada con la que compartir y aprender entre todos. Aquí estoy para ayudarte, si quieres.

No quiero terminar este artículo sin agradecer expresamente a Claude Steiner su ayuda y apoyo tanto en la redacción y estructura de este artículo, como en la confirmación de los datos aportados. 

Referencias Bibliográficas

Berne, Eric (1964). Games People Play. The Psychology of Human Relationships. Nueva York: Grove Press. Traducción Española (1987): Juegos en que participamos. México, D.F.: Diana (20ª Impresión, 1987) y (2007) Barcelona: Integral.   

Berne, Eric (1966). Principles of Group Treatment. Nueva York: Oxford University Press. Traducción Española (1983): Introducción al tratamiento de grupo. Barcelona: Grijalbo.

Berne, Eric (1974). ¿Qué dice usted después de decir «Hola»? Barcelona: Grijalbo. Título original (1973): What do you say after you say Hello?. Nueva York: Grove Press.

Berne, Eric (2010). La intuición y el análisis transaccional (Compilación realizada por Paul McCormick). Sevilla: Editorial Jeder. Título original: Intuition and Ego States (1977). San Francisco: Harper and Row.

Berne, Eric (2014). Más allá de Juegos y Guiones (Antología preparada por Claude Steiner y Carmen Kerr). Sevilla: Editorial Jeder. Título original: Beyond Games and Scripts (1976). Nueva York: Grove Press.

Castilla del Pino, Carlos (2000). Teoría de los sentimientos. Barcelona: Tusquets.

Steiner, Claude (1971) Transactional Analysis Made Simple. Ego States, Games, Scripts and “The Fuzzy Tale”. Berkeley.

Steiner, Claude (2011) Educación emocional. Sevilla: Editorial Jeder. Títulos originales (2003): Emotional Literacy: Intelligence with a Heart. Fawnskin: Personhood Press. Achieving Emotional Literacy (1997), Avon Books.

Steiner, Claude (2009) El otro lado del poder. Sevilla: Editorial Jeder. Título original (1981): The Other Side of Power.  Nueva York: Grove Press.

Steiner, Claude (2010) El corazón del asunto. Sevilla: Editorial Jeder. Título original (2009): The Heart of the Matter. Pleasanton: TA Press.

Este artículo se publicó el jueves 09 de marzo del 2017.
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